tanto como verte desde fuera,
sin que me digas qué tal tu día
y para mí sea realmente importante que vaya bien.
No es que ya no me importe,
es que si fuese mal,
yo no podría cambiarlo.
No quiero dormir esta noche
por miedo a soñar
algo que pueda recordarme a ti
como algo que alguna vez fuimos.
No quiero pensar,
por miedo a que caminando despacio
te introduzcas en mi mente,
con cuidado,
y yo no quiera apartarte del rincón de luz
en el que estos meses habitaba tu ilusión.
Y aquí estoy,
incumpliendo nuevamente el propósito
de no volver a escribirte
por si volvías a dolerme y yo a querer quererte.
No quiero leer a Neruda,
ni a Lorca,
ni a nadie que no seas tú.
Y ese es el problema,
que nunca supe huír,
ni siquiera ahora que puedes dolerme a solas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario