Supón que yo te digo,
que he sido una completa idiota,
que diciembre me avergüenza.
Supón que llueve,
que salimos a la calle y el cielo ríe.
Porque tendemos a decir que las nubes lloran
y no que descargan su risa,
bañando la ciudad de sorpresas y paraguas.
Digamos, por ejemplo,
que yo admito que la culpa
no está en el fondo de un café,
digamos que yo dejo de beberlo para no encontrarla.
Pensemos por un instante,
en que no quiero ser coherente hoy,
en que me apetece decirte algo bonito.
Que te freno y lo suelto,
que abro los labios y dejo escapar tu nombre,
como quien suspira.
Pongamos que te digo algo bonito,
y eso te hace sonreír.
Porque echo de menos,
pensar cosas bonitas que decirte
como lo difícil que es pens(arte)
sin que el mundo sea un poco más humilde.
Pongamos que has leído esto,
y que lo olvidas como yo debería hacerlo.
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