domingo, 17 de marzo de 2013

Con la esperanza muda y la voz escurriéndose

Consigues callar todo el sonido,
sucio y torpe de las aceras.
Haces del asfalto que pisamos
el lugar donde quiero atarme a la vida.

Enmudeces el ruido,
que ensucia mis oídos
cuando tu voz no acompaña
a la lluvia de soledad.

Cuando llovía en mi ventana,
pero no dentro de ti,
conseguías que luciese el sol
en cada línea (por ser sólo tuya).

Dibujabas nubes
cuando me negabas
creer que te quería,
y yo tenía razón.

La oscuridad sonora,
de cerrar los ojos de madrugada,
y no oír más que las quejas
de la almohada.
Y nunca son suspiros por escrito,
ni versos que cortan el aire.

Dejas sin palabras a Neruda,
te las llevas todas con tu imagen...
Y los libros quedan vacíos,
muertos de no tener mis sentidos
sonriéndole a cada palabra
(cuando estas no tenían
más significado que tu nombre).

Así que imagínate cómo me has dejado a mí,
con la esperanza muda y la voz escurriéndose
entre estas sílabas, con la ilusión
de que la eches de menos, aunque sea muy poco.
Aunque me oigas hablar tan a menudo,
pero quería que echases de menos oírme
(cuando le hablo de ti al silencio,
intentando quebrarlo en mil pedazos).

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