Y mírame, ahora,
que parece que llevo todos mis futuros errores
pintados en los ojos,
y el maquillaje sin gracia
y las manos sin música.
Dime,
aquello de que somos polvo
de estrellas encerradas
en una canción por componer.
O resuelve,
ecuaciones de kilómetros,
acabados en abrazos.
Repíteme esas palabras,
para no ser una dama en Dublín,
ni en Nueva York,
o cualquier ciudad incomprensible
para la chica que prefiere el francés
porque dice que suena más dulce.
Dime que voy a encontrar a otro,
que has dejado el humo,
que ahora estudias épocas
o que esa chica pelirroja
te quiere más que nunca.
Reitera tu opinión,
sobre lo poco que te gustan mis poetas
o lo mala que es la rutina
cuando empieza a las siete.
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