jueves, 24 de enero de 2013

Octubre



"Ese día no figuraba en ningún calendario de fechas importantes. Aunque, cuando te sentía a mi vera tenías más importancia que la paz mundial. Me resulta distante y apenas han corrido meses.
Ese día, tenías la luz más bonita en los mundos de tus ojos. Cielos (no sólo azules, sino añiles, violetas, turquesas y verdes), mares de espuma, bosques y acuarela.
Supongo que todo se distorsionaba por el aprecio que yo tenía tus miradas. Pintabas acordes con luz y hacías volar los instantes como plumas de aire.
Alguna palabra debía haber abaratado la belleza aquella tarde, o quizás era yo, de balcones abiertos a tus paisajes. Desconozco (y me gusta muy poco esta palabra) los motivos de la luz.
Por qué en aquel momento se adentró en tus ojos, abriéndose paso.
En un segundo fluía de la calle a tus párpados y colonizaba la atención de mis pupilas ( y ya saben, que a mí me cuesta mantener las miradas). Se deslizaba en todas direcciones, anestesiando la poca coherencia de mi sonrisa en tu presencia. Despertaba los reflejos de colores inconscientes con la facilidad de quien baila descalzo.
Pestañeas.
Y quiso esfumarse, y el tiempo se abrió (tan real que dolía).
Abro los balcones y niebla insípida cubre las pinceladas de paisaje.
Tenías más importancia que la paz mundial." 

Escrito en una clase en la que sólo aprendí que tras tanta gramática, nadie quiso enseñarnos a disfrutar de las palabras. Leído cuando buscaba razones entre apuntes de latín para no caer.
El día que no quería mirarte a los ojos de nuevo, y ahora diré, que son las últimas líneas que hablan de ellos. La última humedad en los míos, la última vez que causo la desesperación de un profesor mirando el mar por la ventana.

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