"Ese
día no figuraba en ningún calendario de fechas importantes. Aunque,
cuando te sentía a mi vera tenías más importancia que la paz
mundial. Me resulta distante y apenas han corrido meses.
Ese
día, tenías la luz más bonita en los mundos de tus ojos. Cielos
(no sólo azules, sino añiles, violetas, turquesas y verdes), mares
de espuma, bosques y acuarela.
Supongo
que todo se distorsionaba por el aprecio que yo tenía tus miradas.
Pintabas acordes con luz y hacías volar los instantes como plumas de
aire.
Alguna
palabra debía haber abaratado la belleza aquella tarde, o quizás
era yo, de balcones abiertos a tus paisajes. Desconozco (y me gusta
muy poco esta palabra) los motivos de la luz.
Por
qué en aquel momento se adentró en tus ojos, abriéndose paso.
En
un segundo fluía de la calle a tus párpados y colonizaba la
atención de mis pupilas ( y ya saben, que a mí me cuesta mantener
las miradas). Se deslizaba en todas direcciones, anestesiando la poca
coherencia de mi sonrisa en tu presencia. Despertaba los reflejos de
colores inconscientes con la facilidad de quien baila descalzo.
Pestañeas.
Y
quiso esfumarse, y el tiempo se abrió (tan real que dolía).
Abro
los balcones y niebla insípida cubre las pinceladas de paisaje.
Tenías
más importancia que la paz mundial."
Escrito en una clase en la que sólo aprendí que tras tanta gramática, nadie quiso enseñarnos a disfrutar de las palabras. Leído cuando buscaba razones entre apuntes de latín para no caer.
El día que no quería mirarte a los ojos de nuevo, y ahora diré, que son las últimas líneas que hablan de ellos. La última humedad en los míos, la última vez que causo la desesperación de un profesor mirando el mar por la ventana.