viernes, 28 de diciembre de 2012

"Para ti, que siempre quisiste volar."

Estos días no quiere alejarse todo lo que pudimos guardar como recuerdo.
Abrí ese libro y estabas allí, me leía aquel poema y te encontraba en versos de alguien que jamás te conocerá. Tocaban aquellas canciones que nunca hablarían de nuestra (más mía, por la fantasía) historia, y en aquella conversación sólo hablaban  de momentos que acumulamos en 'cosas que nos quedarán siempre por vivir'.
Las ciudades son tuyas, el cielo es de las nubes que antes solía comparar con nosotros. Cada playa lleva tu nombre; y ahí fuera hablan de un Dios que jamás les escuchará, un paraíso (selvático) que desconocen, habita en ti. Pude encontrarte en un disco de cuando mis padres tenían toda la vida por delante, en cuentos de hadas, incluso en las palabras de la mujer más hermosa de este mundo.
Estos días la luz quiere que la atrapes en tus párpados, y dormirse con mi afecto entre tus pensamientos (ahora inalienablemente tuyos). La oscuridad pertenece a tus pupilas, como siempre. La lluvia es de tus metáforas y pieles de octubre.
El tiempo son tus instantes, tu movilidad sobre las horas que acarician mis pestañas antes de dormir.
Es tuya la humedad en los párpados y la sequía en las palabras coherentes, la mentira más contada del mundo y alguna que otra verdad a medias cuando dije que no importaba.
Eres el motivo de que una profesora de ballet (maravillosa) me dijese que llevo un lazo de las zapatillas mal cortado, sin saber que se encuentra en otro momento a tu lado.
"Para ti, que siempre quisiste volar."

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