El problema no es la huida,
si no lo que desgarramos al irnos.
Detrás han quedado lluvias,
lunes,
faldas,
libretas, páginas,
cartas a nadie,
una interrogación sujeta a mis manos.
El bolígrafo susurrándome
que echa de menos las hojas de los árboles
sobre las que pensábamos escribirte.
El café diciéndome que me vaya,
que mi lugar ya no es el borde de una taza
ahora que no encuentro precipicios en tus ojos.
Mi dulzura excesiva
se resguarda en un rincón de un poemario,
doblé un margen
y tu marca sigue ahí.
Y mis ojos quejándose de lo feo que es todo
cuando los tuyos no iluminan.
Y así estoy,
tarde pero todavía.
Te quise.
Desgárrame de nuevo,
si es necesario.
-palabras que salieron de mis manos hace meses-
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