En esta casa llena de sol y silencio
lamo la cicatriz que me dejaste
en una mezcla de tristeza y asco.
No podías pedirme el silencio
cuando los poemas me muerden por dentro
entre el amor y la rabia,
ni frenar mi grito contra las rejas
ni mi llanto en tempestades.
Y, aún así: "estás loca,
te pones como una fiera".
La fiera la llevo dentro,
me ruge en el vientre cuando me callas
y me pide que la libere:
nuestra revolución fue nacer mujeres.
Soy la misma que en tu cama o en el suelo,
la dueña del cuerpo, la boca y las manos
que te llevaron al orgasmo entre promesas.
Pero ahora que mi cuerpo es mío,
que con mi boca he gritado sin miedo
y mis manos han escrito tu último poema:
ahora ya no te gusto tanto.
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