Corriendo por mis venas,
mi indiferencia suicida
hacia la catástrofe
que es el olvido.
Jamás te pediré que te quedes,
pero nunca quise que te marchases.
Autopistas donde amantes
se saltan la velocidad y me arrollan
(como antes lo hacía esa palabra).
Luces que desde mi ventana
son esperanzas de apagarlas con alguien
que no necesite comprender nada.
Las farolas me guiñan un ojo
y la noche se independiza de ti.
Vámonos de estas ruinas,
yo ya no soy de nadie.
sábado, 8 de junio de 2013
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