metida en estas paredes,
asesinan mi cordura cada día.
Para luego tacharme de rara,
la que prefiere llorar por no ver el cielo
que por sentir la tormenta en el rostro.
Y cuando viene la hora de hablar
no pueden encontrar nada
en lo que culpar a mis actos
de que todo nos llueva en Abril
incluso con cielos despejados.
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