de dolerse en meses y no en noches,
de pensarte como otoños
y no como el presente que eres.
Todo ha cambiado tanto
que me da vértigo mirarte de frente,
por si te transformas ante mis ojos
y no soy capaz de verme en ellos.
Hemos cambiado todo tanto,
que parece que jamás
volveremos a dolernos.
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